La popularización del software de dictado por voz ha abierto la puerta a nuevas formas de relacionarse con clientes y usuarios. Aplicaciones como Wispr, Granola o el propio Voicebox demuestran que la transcripción por voz ya es suficientemente precisa y rápida para uso cotidiano, lo que permite dictar borradores enteros en lugar de teclear. El columnista sostiene que, aunque el teclado no desaparecerá, sí podría transformarse la manera en que los consumidores dan su opinión: muchos usuarios evitan contactar con el soporte por correo o teléfono, pero estarían dispuestos a hablar veinte segundos ante el micrófono.
Voicebox, fundada por Karan Gupta (antes creador de la app de transcripción segura Alice), recoge esa idea: mediante un código QR o un chip NFC en el establecimiento, el cliente dicta su comentario, que se transcribe automáticamente, se analiza en sentiment y se envía al panel de la empresa. La startup ya colabora con terminales aeroportuarias para que los viajeros informen sobre la limpieza de los baños o la señalización de puertas. Gupta llevó la experiencia fuera del ámbito comercial en un acto de Lena Dunham en San Francisco, donde los asistentes dejaron mensajes personales tras escanear un QR.
La compañía acaba de lanzar un directorio público (vbx.to) para que las reseñas de voz puedan consultarse y compartirse en cualquier lugar, aspirando a convertirse en una especie de Google Maps de las opiniones habladas, con evaluación colectiva y en tiempo real de negocios, hospitales o peluquerías. El artículo describe el contraste entre esa visión y la incomodidad práctica de susurrar al móvil en un aeropuerto lleno.
