Mark Zuckerberg plantea en su ensayo "The Future is for Everyone" que la pregunta clave es quién accede a la superinteligencia y hacia qué se dirige. Coincide en que concentrarla en unas pocas instituciones sería una catástrofe y en que solo el contrapoder impide que alguien acumule poder sin control. El problema, señala este texto, es que Zuckerberg nunca aplica ese mismo criterio a la captura de datos: la asimetría se ha desplazado a la capa de entrada, donde quien posee la información posee el poder.
El ensayo recorre tres ejes. Primero, las acciones de Meta: unas gafas que registran todo el día, conversaciones con Meta AI que desde el 16 de diciembre de 2025 personalizan anuncios según la nueva política de privacidad, y unos 200.000 millones de dólares de ingresos publicitarios que marcan la dirección real del negocio. Segundo, la distinción entre herramientas y máquinas: el teléfono, la cámara, el GPS o el telescopio exigen tu participación y conservan tu autoría; un agente que captura datos de forma ambiental invierte la relación y te convierte en producto. Tercero, la limitación real de la IA: los modelos frontier dominan el bar exam pero no pueden decirte si deberías aceptar un puesto, porque casi no saben nada de ti. Los datos conductuales son equifinales y no explican por qué actúas; los datos declarativos, apoyados por la IA, sí pueden hacerlo. La memoria propia es el material con datos declarativos que ya existe. La conclusión propuesta es que la IA solo liberará su potencial cuando el input venga de ti, te pertenezca y tú lo autorices.
