Una supernova es la explosión terminal de una estrella con al menos ocho veces la masa del Sol, cuando se queda sin combustible para sostener la fusión nuclear y su núcleo colapsa bajo la gravedad. En las estrellas masivas, la fusión avanza de manera escalonada: el hidrógeno se transforma en helio, este en carbono y oxígeno, después en neón, magnesio, silicio y, finalmente, hierro. Como el hierro es el elemento más estable, ya no puede fusionarse para generar energía, y la presión de radiación se rinde ante la gravedad. El núcleo se derrumba y se dispara una onda de choque que lanza las capas externas al espacio, produciendo una explosión capaz de liberar 10^30 veces la energía de la bomba de Hiroshima.
Esa detonación es tan potente que se la ha relacionado con dos de las cinco grandes extinciones masivas ocurridas en la Tierra. Los astrónomos clasifican las supernovas según su espectro: las de tipo I carecen de hidrógeno (Ia en enanas blancas con compañera, Ib y Ic en estrellas masivas sin sus capas externas) y las de tipo II conservan hidrógeno (II-P con meseta de luminosidad, II-L con caída lineal). Las tipos Ib, Ic y II representan cerca del 80% de los eventos observados. Tras la explosión pueden quedar remanentes como una estrella de neutrones o un agujero negro, dependiendo de la masa original del astro.
