Suiza ha convertido la perforación del subsuelo en una pieza central de su infraestructura para superar el obstáculo que los Alpes representan en su territorio y en las conexiones europeas. El país acumula 1.852 túneles con una longitud total de 2.544 kilómetros, según la Swiss Tunnelling Society, una red que incluye obras de carretera, ferroviarias e hidroeléctricas. La apuesta subterránea responde tanto a una necesidad interna como a su papel en los corredores norte-sur que enlazan los puertos del mar del Norte con el norte de Italia.
El cambio decisivo llegó con los túneles de base de Lötschberg, Gotardo y Ceneri, que situaron las nuevas líneas a cotas mucho más bajas que las rutas históricas. El túnel de base del Gotardo, con 57,1 kilómetros, es el ferroviario más largo del mundo y, junto con sus galerías auxiliares, suma unos 152 kilómetros de estructuras subterráneas. En 1994, la Alpine Initiative incorporó a la Constitución el objetivo de trasladar el tráfico de mercancías de la carretera al ferrocarril, con una meta de 650.000 camiones al año que debía cumplirse en 2018.
Los datos de 2025 muestran avances parciales: el ferrocarril concentró el 68,6% de las mercancías transalpinas, por debajo del 70,3% de 2024, y 959.700 vehículos pesados cruzaron los Alpes por carretera, unos 310.000 por encima del objetivo legal.
