Un análisis comparativo revela por qué Suiza disfruta de internet ultrarrápido (25 Gbps) mientras que Estados Unidos y Alemania se quedan atrás. Contrario a la creencia popular, la clave no reside en la ausencia o presencia de regulación, sino en cómo se gestiona la infraestructura de telecomunicaciones. Suiza, con un modelo regulado, trata la fibra óptica como un activo neutral y compartido, permitiendo a múltiples proveedores competir y ofreciendo conexiones dedicadas a los hogares. Esto contrasta con Alemania y EE. UU., donde la competencia, ya sea por sobreconstrucción (Alemania) o monopolios territoriales (EE. UU.), resulta en infraestructuras redundantes, precios más altos y velocidades compartidas, a menudo inferiores a lo prometido. El problema fundamental radica en la falta de reconocimiento de la naturaleza de monopolio natural de la infraestructura de banda ancha, donde la construcción compartida y la neutralidad son más eficientes que la competencia directa en la excavación y despliegue de cables.
