Suecia importa cada año millones de toneladas de residuos extranjeros para alimentar sus centrales de cogeneración (kraftvärmeverk), que incineran esa basura y obtienen con ella electricidad y calefacción urbana. Según la patronal Energiföretagen Sverige, la recuperación energética de residuos alcanza 19,5 teravatios-hora anuales, suficientes para calentar 1,47 millones de viviendas y suministrar electricidad a otras 940.000. Más de la mitad de los hogares suecos usan calefacción district, y entre el 30% y el 35% de esa energía procede de la quema de residuos.
La Agencia Sueca de Protección Ambiental cifró en 3,86 millones de toneladas las importaciones de residuos en 2024, principalmente desde Reino Unido, Noruega e Italia, casi el triple que en 2010. En 2015, la televisión pública SVT calculó un beneficio de 373 coronas suecas por tonelada, lo que con el volumen actual representaría alrededor de 130 millones de euros. El cierre progresivo de vertederos en Europa empuja a otros países a exportar su basura no reciclable a un mercado donde encuentran comprador.
El modelo tiene, no obstante, un coste ambiental: en 2021 la incineración de residuos generó el 73% de las emisiones de CO₂ del sector eléctrico y de calefacción sueco, según un informe del Consejo Nórdico, ya que gran parte de lo quemado proviene de derivados del petróleo. Aun así, las plantas podrían operar con biocombustibles si dejara de llegar basura extranjera.
