Splash es un formato de color minimalista creado por el estudio Tadi (tadepond.com) que representa cualquier color mediante un número de tres dígitos: uno por cada canal RGB (rojo, verde y azul), con valores del 0 al 9. Esto reduce la paleta completa a apenas 1.000 colores posibles (de 000, negro, a 999, blanco), una cantidad lo bastante pequeña como para enumerarse entera y lo bastante manejable como para evitar la «parálisis de decisión» que generan los sistemas con millones de opciones.
El formato nace de la observación de que los colores más populares y reconocibles se obtienen con combinaciones muy limitadas: 090 (verde), 099 (cian), 009 (azul), 409 (púrpura), 909 (rosa), 900 (rojo), 940 (naranja) y 990 (amarillo). Aun así, Splash deja margen para el estilo personal, como demuestra la paleta que el autor eligió para su proyecto Cellpond: 093 (verde), 289 (cian), 059 (azul), 529 (púrpura), 947 (rosa), 922 (rojo), 942 (naranja) y 991 (amarillo). La restricción deliberada invita a aceptar la imperfección: el autor explica que ya no busca el color «perfecto» y que esa liberación le ha hecho más receptivo a los errores.
En Cellpond, una aplicación de arrastrar y soltar, Splash permitió que la interfaz operase solo con dígitos del 1 al 9, simplificando la experiencia y contribuyendo a la rapidez del programa. La implementación técnica es directa: se extraen los tres dígitos, se remapea cada canal del rango 0–9 al 0–255 y se convierten a hexadecimal. El artículo ofrece tres variantes de código: una función genérica, una versión con tablas de búsqueda por canal para personalizar la paleta, y una tabla completa precalculada con los 1.000 valores hexadecimales.
Una de las ideas más interesantes es que la tabla de búsqueda por canal permite ajustar el carácter global de la paleta: el autor la sesgó hacia el azul y el verde porque prefiere colores con más presencia de esos canales, y ajustó el negro (000) a un tono ligeramente distinto para garantizar visibilidad sobre el fondo negro de la aplicación. Splash se presenta así como una herramienta emocional que impone restricciones creativas sin sacrificar la expresión personal.
