SpaceX completó con éxito el decimotercer vuelo de prueba del Starship el viernes, con un amerizaje intacto en una zona remota del océano Índico, al oeste de Australia. Por primera vez, la nave quedó flotando en posición vertical, lo que permitió a los ingenieros inspeccionar su escudo térmico, formado por más de 18.000 baldosas cerámicas que soportaron temperaturas de hasta 1.430 °C durante la reentrada. El responsable de comunicaciones Dan Huot calificó el resultado como un «sueño» para el equipo que recopila datos sobre el escudo térmico, esencial para la reutilización rápida del vehículo.
Impulsado por estos resultados, el fundador y consejero delegado Elon Musk anunció que SpaceX intentará en el próximo lanzamiento atrapar la nave con los brazos mecánicos de la torre de lanzamiento, una maniobra ya realizada con el propulsor Super Heavy. El cohete despegó a las 22:51 UTC desde Starbase, Texas, con 33 motores Raptor. Tras la separación del Super Heavy, el Starship desplegó 20 satélites Starlink V3, los primeros de esa versión mejorada, antes de reentrar en la atmósfera. El propulsor, en cambio, no logró completar el amerizaje controlado en el Golfo de México por fallos en el reencendido de motores. El éxito allana el camino hacia vuelos orbitales, el repostaje en órbita —clave para el programa Artemis de la NASA— y el despliegue operativo de los satélites Starlink V3.
