SpaceX, la compañía aeroespacial fundada por Elon Musk, anunció este martes una inversión de hasta 100.000 millones de dólares para construir un megapuerto espacial en la costa del Golfo de Luisiana, una infraestructura sin precedentes que duplicará con creces las capacidades de su actual base en Texas y que la compañía proyecta como pieza clave para materializar su visión de una humanidad multiplanetaria.
El anuncio fue realizado en Abbeville, una localidad de unos 12.000 habitantes considerada la población más cercana a los humedales costeros donde se levantará el complejo, conocido provisionalmente como "Starbase Luisiana". La presentación contó con la participación del gobernador de Luisiana, Jeff Landry, y de Gwynne Shotwell, presidenta y directora de operaciones de SpaceX, quien calificó la iniciativa como "un proyecto como ningún otro".
Según los planes divulgados por la compañía y por la Agencia de Desarrollo Económico de Luisiana, las obras darán comienzo en 2027 y el primer lanzamiento desde estas instalaciones está previsto para 2029. El complejo estará compuesto por cinco instalaciones independientes, cada una equipada con dos torres de lanzamiento —diez plataformas en total— y su propia planta de producción de combustible. La idea es que el sitio funcione como un puerto espacial autosuficiente, con producción de propulsante metano, generación de energía, capacidad de carga en aguas profundas, instalaciones de procesamiento de vehículos e incluso un aeropuerto propio.
La magnitud del proyecto responde a las necesidades operativas de Starship, el cohete reutilizable de SpaceX. La fuente de Ars Technica subraya que la empresa prevé lanzar "decenas de cohetes al día" para construir una enorme constelación de centros de datos orbitales, entre otros fines. En la actualidad, SpaceX solo dispone de un sitio operativo para Starship en Starbase Texas —unas 350 acres— y otro en desarrollo, mientras que en Florida, concretamente en Cabo Cañaveral, construye tres plataformas adicionales. Tanto el emplazamiento texano como el floridano están limitados por el espacio físico y, en el caso de Florida, por la competencia con otras media docena de empresas de lanzamiento por el acceso a las zonas de vuelo.
Luisiana elimina esos obstáculos. SpaceX dispondrá de acceso prácticamente sin restricciones a unas 125.000 acres en una zona conocida como Pecan Island, en Vermilion Parish, con acceso directo al Golfo de México y a las reservas de metano que propulsan el Starship. Se trata, según Ars Technica, de una superficie casi 360 veces mayor que la actual Starbase en Texas.
El proyecto contempla también un fuerte impacto económico. Las autoridades estatales estiman la creación de unos 3.000 empleos directos a lo largo de la próxima década, además de miles de puestos indirectos vinculados a la construcción y operación del complejo. Sin embargo, la iniciativa no estará exenta de retos. La zona de Pecan Island alberga una rica biodiversidad —especialmente aves acuáticas— y la conservación de los humedales será uno de los principales focos de fricción con grupos ambientalistas. Shotwell intentó adelantarse a estas críticas al afirmar que SpaceX solo utilizará una pequeña porción de las 125.000 acres disponibles y preservará el resto del territorio para la fauna y para actividades recreativas como la pesca, la caza y la navegación.
El calendario operativo de Starship sigue siendo, no obstante, un desafío. Mientras se construye la infraestructura de Luisiana, SpaceX continúa con las pruebas de vuelo del cohete: según la fuente de 20minutos, la compañía prepara su decimocuarta prueba, prevista para septiembre, como paso previo a la certificación que permita iniciar misiones operativas.
En definitiva, SpaceX apuesta por Luisiana como su gran plataforma de lanzamiento del siglo XXI. Si los plazos se cumplen, en menos de cinco años el sur del estado podría convertirse en el corazón industrial de una nueva era espacial, con Starbase Luisiana como enclave estratégico para misiones a la órbita terrestre, a la Luna y, eventualmente, a Marte.
