Sony ha presentado la A7R VI, la nueva referencia de su serie R (resolution) dentro de la familia ILCE 7. La cámara incorpora un sensor CMOS Exmor RS apilado de formato completo con 66,8 megapíxeles efectivos, capaz de disparar en ráfaga a 30 fotogramas por segundo y grabar vídeo 8K en 4:2:2 a 10 bits. El procesador BIONZ XR2, combinado con el sensor apilado, elimina prácticamente el efecto rolling shutter y habilita funciones como la precaptura, hasta ahora reservadas a cuerpos con menor resolución.
La propuesta se dirige a fotógrafos que buscan aproximarse a la calidad del formato medio sin renunciar a la velocidad. El visor OLED Quad-XGA de 9,44 millones de puntos alcanza un espacio de color DCI-P3, y la pantalla articulada de cuatro ejes y 3,2 pulgadas se mantiene respecto a la generación anterior. El sistema de autofoco realiza 60 cálculos por segundo, apoyado en procesamiento por IA.
En ergonomía, Sony amplía la empuñadura un centímetro y dota a los botones traseros de retroiluminación; la cámara estrena la batería NP-SA100, incompatible con la NP-FZ100 anterior y un 30 % más capaz, con hasta 700 disparos por carga según el estándar CIPA. El cuerpo, de aleación de magnesio y con juntas selladas, integra un disipador de grafito que permite grabar 8K durante 120 minutos sin sobrecalentamiento.
El autor señala que, pese a las especificaciones, la A7R VI no transmite la misma emoción que modelos previos: la tecnología habría tocado techo. La cámara es ideal para estudio, paisaje y vídeo de alta exigencia, aunque mover los archivos exige equipos informáticos de última generación.
