Un artículo de investigación publicado por Simon Harrison, de la Universidad de Ulste, revela que la recolección de cráneos y restos de soldados japoneses por parte de militares estadounidenses fue una práctica común durante la Segunda Guerra Mundial, no un caso aislado. Aunque no existen registros oficiales exactos de la magnitud de esta práctica, testimonios y hemerotecas de la época demuestran su difusión. Un hallazgo reciente en Pueblo, Colorado, en 2003, donde se encontró un cráneo con firmas de militares y la fecha de la batalla de Guadalcanal, ilustra la persistencia de este hábito. La revista Life publicó en 1944 una fotografía de una joven escribiendo una carta de agradecimiento a su novio, un marine, por un cráneo enviado desde el Pacífico, lo que evidencia la normalización social de estos objetos en la sociedad estadounidense de la época. En contraste, el presidente Franklin D. Roosevelt devolvió un regalo de un cráneo de soldado japonés en 1944, generando controversia. Estas prácticas, que incluían incluso la fabricación de objetos como abrecartas con huesos, preocuparon a las autoridades militares aliadas, quienes emitieron órdenes en 1942 y 1943 para disuadir a los soldados de llevarse partes de cuerpos enemigos como trofeos. La práctica fue criticada por grupos religiosos y utilizada por el gobierno japonés en su propaganda para acusar a EE. UU. de violar el Convenio de Ginebra de 1929.
