Richard Stallman reflexiona en este ensayo sobre el significado original del término "hacker" y por qué la cultura popular lo confunde con el acceso no autorizado a sistemas. Para ilustrar la idea, relata una anécdota de junio de 2000 en Corea: durante una comida, colocó seis palillos en una sola mano y logró manipular tres con cada una para llevarse un trozo de comida a la boca. Aunque el método era impráctico, sus compañeros reconocieron de inmediato su "valor de hack": hacer algo difícil y divertido, sea útil o no. Stallman define así el hackeo como "explorar los límites de lo posible con ingenio lúdico", una actitud que la comunidad del MIT cultivó desde los años sesenta y setenta con software, bromas, exploración de túneles y techos, y hazañas como la del programa mínimo para un cálculo.
El texto distingue con claridad entre hackeo y cracking. Los medios de comunicación, señala, fijaron a partir de 1980 la atención en la vertiente de quiebre de seguridades y generalizaron el término, pese a los intentos de la comunidad hacker por corregirlo. Por eso acuñó "cracker" para referirse a quienes rompen sistemas sin ser necesariamente hackers. El ensayo repasa ejemplos históricos como el Incompatible Timesharing System, diseñado sin "funciones" de seguridad, y obras como "4'33" de John Cage o el palíndromo "Ma Fin Est Mon Commencement" de Guillaume de Machaut. Stallman invita a recuperar el uso original del término y enumera bromas e ingenios propios, como la señal "Barbidall Square" en Wellesley College.
