El 24 de abril de 2005 nació Snuppy, un lebrel afgano considerado el primer perro clonado del mundo. El equipo del biólogo coreano Hwang Woo Suk, profesor de la Universidad Nacional de Seúl, logró el hito tras implantar más de 1.000 embriones clonados en 123 perras de alquiler. Solo se produjeron tres embarazos: uno terminó en aborto espontáneo, otro cachorro murió de neumonía a los 22 días y Snuppy fue el único superviviente, nacido por cesárea tras 60 días de gestación en una labrador retriever. Para crearlo, los investigadores extrajeron el núcleo de una célula de la oreja de un lebrel afgano macho y lo introdujeron en un ovocito al que previamente habían retirado su material genético.
El logro encumbró a Hwang como referente mundial de la biotecnología, pero su trayectoria se derrumbó poco después: una investigación posterior concluyó que varios de sus trabajos sobre células madre humanas estaban manipulados, lo que provocó la retirada de numerosas publicaciones. Llegó a cuestionarse la propia autenticidad de Snuppy, aunque un estudio interno de la Universidad de Seúl confirmó que se trataba de una clonación real. El perro murió en 2015 a los diez años por cáncer. En 2017, otro equipo anunció la clonación de cuatro ejemplares a partir de material genético de Snuppy.
