Un ejercicio de simulación geopolítica organizado por la Universidad de Queen Mary en Londres ha demostrado que la gestión de la radiación solar (geoingeniería) podría desencadenar una carrera armamentística entre superpotencias. La simulación, titulada 'Exploring Geopolitical Tipping Points and Climate Cooling Strategies', reunió a decenas de expertos en relaciones internacionales, científicos y militares para modelar la respuesta internacional a tecnologías de enfriamiento global, como la inyección de dióxido de azufre en la atmósfera.
El escenario, diseñado por la profesora Danielle Young de la Universidad de Leeds, representó un comité de la ONU en 2027 y 2028 donde los participantes debían coordinar respuestas ante avances tecnológicos no revelados. Los resultados mostraron que la desconfianza y la desinformación dominaron las negociaciones. Representantes de Estados Unidos y China se negaron a firmar acuerdos que limitaran su investigación nacional, temiendo perder la ventaja tecnológica. La simulación reveló que la falta de transparencia científica y la percepción de malicia por parte de los actores impidieron cualquier cooperación internacional, llevando a los participantes a abandonar las conversaciones. Expertos citados por WIRED advierten que, aunque la geoingeniería tiene beneficios claros, sus efectos secundarios son mal comprendidos y su implementación requiere una colaboración internacional transparente, algo difícil de lograr en el contexto actual de la política exterior.
