Sequoyah, un orfebre cherokee nacido en la década de 1770 en Tennessee, hijo de madre cherokee y padre blanco, diseñó en la segunda década del siglo XIX un sistema de escritura que transformó para siempre a la Nación Tsalagi. Partiendo de un fallido experimento ideográfico, dio con 86 —luego 85— símbolos tomados del griego, el hebreo y el inglés, cada uno representante de una sílaba. En 1821 fue sometido a juicio bajo la acusación de brujería, pero una prueba con su hija Ayoka, en la que ambos pudieron leerse mutuamente a través de la nueva escritura, convenció a los ancianos. En apenas seis meses, uno de cada cuatro cherokees sabía leer y escribir; en un cuarto de siglo, la población Tsalagi superaba en alfabetización a la media no nativa de Estados Unidos. Para 1827 la Nación Cherokee contaba con una constitución escrita, y en 1828 vio la luz el Cherokee Phoenix, primer periódico indígena del país, impreso con los símbolos de Sequoyah. Diplomáticos como Albert Gallatin elogiaron la precisión fonética del sistema. La tragedia llegó poco después con la deportación forzosa por el Sendero de las Lágrimas. Aun así, la escritura viajó con el pueblo hasta Oklahoma y, según la tradición, hasta Liberia, donde inspiró un sistema para la comunidad vai. Hoy, con apenas unos pocos miles de hablantes fluidos, el silabario sigue siendo herramienta clave para preservar la cultura cherokee.
Sequoyah y la creación del silabario cherokee: de la sospecha de brujería al legado cultural
