Santiago Schnell, provisor de la Universidad de Dartmouth, fue identificado por la herramienta de detección Pangram como autor de 90% de su texto en una columna de opinión publicada en The Washington Post. La detección se produjo tras un informe de Semafor que analizó 310 artículos de invitados en grandes medios y encontró 50 escritos por modelos de lenguaje grandes (LLM). Schnell, quien afirma usar IA para refinar el lenguaje y mejorar la claridad, admitió en un correo electrónico que asume la responsabilidad final del contenido, aunque el texto en sí mismo fue generado por IA. El artículo analiza esta contradicción argumentando que, al igual que en la ingeniería de software, donde los programadores no se consideran autores de la máquina que compila su código, la autoría intelectual debe distinguirse de la ejecución técnica. El texto sostiene que la IA no debe ser creditada como coautora en el código, ya que el programador es responsable de la lógica y la corrección, no de la herramienta que lo asiste. Esta distinción es crucial para identificar errores en el software, similar a cómo los compiladores transforman el código de alto nivel en instrucciones de bajo nivel. La conclusión es que la responsabilidad por el contenido generado por IA recae en el humano que lo supervisa y firma, no en la herramienta que lo produce.
