La Praza do Obradoiro de Santiago de Compostela soporta en verano de 2026 una presión turística sin precedentes: en julio se contabilizaron 305.371 viajeros, casi 30.000 más que en junio, frente a una población local de apenas 98.000 habitantes. Tiendas de campaña, coros juveniles a guitarra y camisetas de la Jornada Mundial de la Juventud han transformado el final del Camino de Santiago en un escenario de macrofestival, con un vídeo viral del grupo Pastoral Juvenil de San Carlos Borromeo como emblema. La alcaldesa Goretti Sanmartín (BNG) y asociaciones vecinales como A Xuntanza denuncian la conversión del casco histórico en un parque temático, con alquileres al alza del 20-30%, reemplazo de comercios tradicionales por franquicias y recuerdos jacobeos, y una caída demográfica sostenida. El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, atribuye las críticas a problemas de gestión municipal y se muestra abierto a implantar una tasa turística condicionada. Solo en tres días de agosto de 2026 llegaron 6.289 peregrinos. Al margen de la saturación estival, la Xunta alerta de descensos superiores al 23% en la ocupación hotelera de enero y un 17% en el primer semestre, con 16.000 pernoctaciones menos interanual. Estudios académicos recientes hablan ya de sobreperegrinación y peregrinofobia en el Camino Francés, que recibe más de medio millón de personas al año.
