Santa María del Naranco, situada en la falda sur del monte Naranco en Oviedo, es un testimonio excepcional de la arquitectura altomedieval europea. A diferencia de la mayoría de las iglesias, este edificio fue originalmente diseñado como un palacio de ocio y representación para el monarca asturiano, con una planta baja que incluía baños y una planta noble con logias. Su transformación en un templo religioso se produjo siglos después, tras la destrucción de la vecina iglesia de San Miguel de Lillo, un cambio documentado en la Crónica Silense de 1150. El monumento, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985, destaca por su innovación constructiva y su decoración escultórica, incluyendo capiteles con relieves de soga y motivos geométricos. Junto a ella, San Miguel de Lillo, mandado construir por el rey Ramiro I en 842, forma parte de este conjunto patrimonial. Ambos templos ofrecen una visión única del arte prerrománico asturiano, combinando la monumentalidad de los palacios reales con la funcionalidad litúrgica. La visita guiada, de 40 minutos, permite explorar estos enclaves, que son accesibles durante todo el año, salvo en fechas específicas como el 1 de enero o el 25 de diciembre. La entrada conjunta cuesta cinco euros, con tarifas reducidas para grupos escolares y acceso gratuito los lunes, aunque la guía no está disponible en ese día.
