Sandra Martínez y José Piñeiro, abogada y marino, han abandonado la ciudad para instalarse en la parroquia de Naraío (San Sadurniño, A Coruña), donde conviven con ovejas y gestionan una finca de cinco hectáreas. Su proyecto, denominado Nosa Granxa, surge tras la herencia de una casa vacía y el confinamiento de 2020, que les permitió consolidarse en el campo. La pareja, que no tenía experiencia previa en la agricultura, ha trabajado para transformar una plantación de eucaliptos en un bosque autóctono, un proceso que ha requerido la colaboración de vecinos y la resolución de conflictos con propietarios colindantes debido a la normativa forestal gallega.
Su experiencia se enmarca en una tendencia creciente en España: el exodo rural inverso. Según un estudio del primer semestre de 2026, seis de cada diez demandantes de vivienda en el país planean mudarse a pueblos, impulsado por la presión económica. Los datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España indican que el 23% de los jóvenes de 18 a 24 años ha planificado esta mudanza, frente al 38% de los de 25 a 34 años, y la edad media de emancipación en España es de 30,2 años, superior a la media europea de 26 años. La pareja ha documentado su aprendizaje a través de un canal de Instagram, 'Nosa Granxa', y ha recibido el premio Xuventude Crea de la Xunta. A pesar de la complejidad administrativa y el aislamiento inicial, Sandra defiende que el contacto directo con los problemas ambientales y comunitarios ha profundizado su conciencia, mientras que la soledad es un mito que no se ajusta a la realidad de la aldea, que funciona como comunidad de apoyo.
