El FSB ruso ha incluido a Pavel Durov, fundador de Telegram, en su lista internacional de buscados, acusándolo de asistir a actividades terroristas. El detonante es el chatbot Daivinchik (@leomatchbot), en el registro de sitios prohibidos desde diciembre de 2025, que supuestamente permitía a agentes ucranianos suplantar a jóvenes para concertar citas, obtener geolocalización y ejecutar ataques de phishing y extorsión. Moscú reprocha a Telegram no haber eliminado ese bot ni los canales y chats que, según el FSB, usan los servicios especiales ucranianos y organizaciones extremistas. Durov se niega a borrar los contenidos que el Kremlin solicita. La acusación coincide con la formulada en Francia en 2024, cuando fue detenido en París por no cooperar con la justicia ni retirar contenido ilegal. En paralelo, el Kremlin impulsa MAX, la mensajería estatal preinstalada por ley en los móviles vendidos en Rusia, desarrollada por VK, la red social que Durov fundó en 2006 y perdió en 2014. La investigación de iStories reveló que Durov visitó Rusia más de 50 veces desde su supuesto exilio en 2014. Además, en 2021 el fondo soberano RDIF anunció una inversión en Telegram, que la plataforma negó. Los informes de transparencia de Telegram reflejan que entregó datos de 22.777 usuarios a autoridades en un trimestre de 2025, cuatro veces más que el año anterior, mientras Durov acusa en el Oslo Freedom Forum a las democracias occidentales de copiar el manual de vigilancia de los regímenes autoritarios.
