Imágenes de satélite analizadas con la National Geospatial-Intelligence Agency de Estados Unidos han detectado obras y ampliaciones en seis bases aéreas libias —Al-Khadim, Al-Jufra, Tamanhint, Maaten al-Sarra, Al-Qardabiyah y Brak al-Shati— con presencia reportada del Africa Corps ruso entre 2024 y 2026. Las construcciones incluyen nuevos hangares, barracones, plataformas y pistas repavimentadas; en Al-Khadim aparecieron tres hangares y alojamientos, y Maaten al-Sarra recibió cinco hangares, decenas de estructuras adicionales y una pista renovada.
La expansión se produce tras la caída del régimen de Bashar al-Assad en diciembre de 2024, que obligó a Moscú a replantear su presencia en el Mediterráneo oriental. Rusia conservó un acceso reducido a las bases sirias de Khmeimim y Tartus, pero simultáneamente consolidó su red libia, cultivada durante años a través de Khalifa Haftar. El antiguo modelo Wagner ha sido sustituido por el Africa Corps, bajo control directo del Ministerio de Defensa ruso, lo que otorga al Kremlin un mando más estrecho sobre las operaciones.
La distribución de seis instalaciones por el centro, este y sur del país permite crear un corredor logístico escalonado hacia el Sahel —Chad, Níger, Mali, Burkina Faso—, donde Moscú ha incrementado su influencia. Maaten al-Sarra, próxima a Chad y Sudán, se perfila como plataforma clave para proyectar poder hacia África meridional. Frente a una gran base costera, esta constelación interior exige menos concesiones políticas a Trípoli y atrae menor atención internacional.
Washington ha respondido con el envío de dos bombarderos B-52H al espacio aéreo libio en 2025, escalas de la US Navy en puertos libios por primera vez en más de medio siglo y la participación de Libia en Flintlock 2026. El objetivo declarado es reducir la dependencia de Haftar respecto a Moscú y evitar que Libia se convierta en la bisagra permanente entre el Mediterráneo ruso y sus operaciones africanas.
