Un robot de reparto autónomo de Bolt causó un accidente en Tallin, Estonia, el 26 de octubre, al cruzar una calle con el semáforo en rojo, provocando que un autobús frenara de golpe y que nueve pasajeros se herieran. El dispositivo, que no tenía conductor humano, siguió su camino sin detenerse, lo que ha generado un debate legal sobre la responsabilidad civil y penal cuando la causa del siniestro es una máquina autónoma. La empresa municipal de transporte TLT ha investigado el incidente, mientras que Starship, fabricante del robot, niega la fuga alegando que el fallo se debió a la dificultad de visibilidad por la noche y que el robot avisó a su equipo para retirarse. La situación plantea un vacío normativo en la Unión Europea, ya que la nueva directiva de productos defectuosos no entrará en vigor hasta diciembre de 2026, dejando a los dispositivos actuales bajo la legislación de 1985. En Estonia, la ley de tráfico de 2017 trata a los robots de reparto como conductores, exigiendo seguros de responsabilidad, aunque la Comisión Europea ha retirado propuestas de directivas de responsabilidad por IA. Este caso se suma a la creciente adopción de estos vehículos en ciudades como Madrid, Zaragoza y Leeds, donde las plataformas buscan integrar la última milla autónoma en sus operaciones.
