Un equipo de la Universidad Texas A&M ha desarrollado RoboBall III, una esfera inflable de 1,8 metros diseñada para superar las limitaciones de los rovers tradicionales en terrenos lunares extremos. El prototipo, de 150 kilogramos, utiliza un péndulo interno para desplazar su centro de masa, permitiendo avanzar sobre arena, grava y rocas sin depender de ruedas vulnerables. Este diseño responde a la lección aprendida por el rover Spirit, que quedó inmovilizado en Marte en 2009 debido a la arena, un problema que la NASA buscaba resolver con vehículos más robustos.
El robot, que puede transportar hasta 16 litros de instrumentos, fue probado en febrero en una cantera de Texas, donde demostró capacidad para descender por pendientes de 20 grados y frenar en laderas. Tras una primera prueba, el equipo aumentó el par motor 2,5 veces para mejorar la tracción. Aunque la cubierta sellada protege los componentes, su arquitectura complica las reparaciones y aún requiere más autonomía para operar sin control humano continuo. El objetivo final es desplegar esta esfera en el cráter Shackleton, cerca del polo sur lunar, para muestrear hielo de agua en zonas permanentemente en sombra. La estrategia propuesta implica que un rover convencional en el borde del cráter despliegue la esfera, la use para bajar y luego cargue muestras en pequeños cohetes lanzados desde su interior, que serán recuperados por una nave de regreso a la Tierra.
