El ingeniero de software Ishmeet Bindra sostiene que los modelos de lenguaje grandes (LLM) no son vagos, sino que tienden a construir desde cero en lugar de reutilizar librerías existentes, ya que para el modelo escribir doscientas líneas de implementación supone el mismo esfuerzo cognitivo que escribir dos líneas de importación. Esta dinámica ha encarecido la revisión de código generado por IA: el resultado suele ser técnicamente correcto pero innecesariamente complejo, y exige al revisor decidir si acepta la complejidad o la rechaza, una discusión que se repite con frecuencia. Al mismo tiempo, reescribir ese código es ahora una operación de bajo coste: basta con pedirle al propio modelo que lo simplifique, que recurra a una librería o que recorte funciones no imprescindibles. La consecuencia es un cambio de organización del trabajo: Bindra dedica más tiempo a la fase de planificación, definiendo alcance, librerías y estructura para evitar complejidad antes de que se escriba, y luego reescribe selectivamente lo que considera superfluo. Esa menor fricción para iterar ha hecho que presione con más decisión en las revisiones, porque el coste de señalar un problema y reescribir es inferior al coste de dejar pasar código inflado. El texto describe así un nuevo equilibrio económico del desarrollo asistido por IA, en el que la revisión asume el peso del coste y la reescritura se convierte en la herramienta habitual de corrección.
