Este artículo explora el uso estratégico de la frase “it turns out” (“resulta que”) en la escritura, analizando cómo Paul Graham (PG) la emplea para sortear la necesidad de una argumentación lógica sólida. El autor, James Somers, describe cómo esta frase, aparentemente inocua, se ha convertido en una herramienta para los escritores que buscan presentar afirmaciones sorprendentes o controvertidas sin tener que construir un camino de razonamiento convincente.
La clave reside en la asociación cultural que hemos desarrollado con la frase. Normalmente, la usamos para comunicar descubrimientos inesperados o hechos ocultos que se revelan después de una investigación o experiencia. Por ejemplo, podríamos decir “resulta que no tenían roast beef” o “resulta que el asesino era él”. Esta asociación crea una sensación de sorpresa genuina y disuasión en el lector, haciéndole más receptivo a la información presentada.
PG se da cuenta de este efecto y lo explota. En lugar de construir un argumento detallado, puede simplemente afirmar algo audaz, como que Cambridge es el centro intelectual del mundo, y precederlo con “it turns out”. Esto hace que la afirmación parezca una revelación inesperada, como si el escritor hubiera luchado por encontrar la verdad y, finalmente, “resulta que” la verdad es esta. El lector, condicionado a asociar la frase con la sorpresa y el descubrimiento, es más propenso a aceptar la afirmación, incluso si carece de una base lógica sólida.
El artículo critica implícitamente esta técnica, sugiriendo que es una forma de “hackeo” o atajo para los escritores, permitiéndoles evitar el trabajo duro de construir argumentos bien fundamentados. Sin embargo, también reconoce su efectividad, ya que aprovecha una convención lingüística arraigada en la forma en que procesamos la información y la sorpresa. En esencia, la frase “it turns out” funciona como un mecanismo de persuasión sutil, aprovechando la predisposición del lector a confiar en la sorpresa y el descubrimiento genuino.
