Un equipo de seis químicos cuánticos del Instituto de Tecnología de California (Caltech) alcanzó en enero un hito en la comprensión de la enzima nitrogenasa, que convierte el nitrógeno atmosférico en amoniaco, utilizando exclusivamente métodos computacionales clásicos. El avance, encabezado por Garnet Chan, es resultado de décadas de investigación y cuestiona la idea de que estos problemas requieran ordenadores cuánticos.
La nitrogenasa había sido considerada durante años un banco de pruebas para la computación cuántica por su centro activo FeMo-co, uno de los sistemas más correlacionados de la biología, donde los electrones no pueden tratarse de forma independiente. En 2017, investigadores de Microsoft publicaron en PNAS que la complejidad de la enzima la convertía en una candidata ideal para máquinas cuánticas.
Chan, que estudiaba la nitrogenasa desde hacía más de dos décadas, siempre discrepó de esa tesis. Para él, el resultado clásico demuestra que esperar a un ordenador cuántico tolerante a fallos no es imprescindible para avanzar en química. No todos comparten esa lectura: James Whitfield, teórico cuántico en Dartmouth, advierte de que resolver un sistema concreto con veinte años de esfuerzo no garantiza que el método sea transferible a otros problemas similares. El debate sobre el papel real de la computación cuántica en química sigue abierto, pero cada paso hacia la comprensión plena de la nitrogenasa lo hace menos hipotético.
