Restaurantes, pubs y teatros del Reino Unido prohíben las gafas espía de Meta por la privacidad

Fuentes: Restaurants, pubs and theatres ban Meta's 'spy glasses' over privacy fears, 20minutos.esT3clickbait, xataka.com

Restaurantes, pubs y teatros del Reino Unido prohíben las gafas espía de Meta por la privacidad

La estrategia de Meta de convertir sus gafas inteligentes en un accesorio de uso cotidiano, impulsada por celebrities como Kylie Jenner, ha chocado con una ola de prohibiciones en el Reino Unido. Restaurantes de prestigio, cadenas de pubs y teatros de renombre han decidido vetar el uso de las Ray-Ban Meta, valoradas en 359 libras, ante el temor de que se conviertan en herramientas de grabación clandestina que vulneren la privacidad de clientes y trabajadores.

La decisión llega después de que se multiplicaran los incidentes documentados de personas grabadas sin su consentimiento. Una mujer contó a la BBC que un hombre la grabó con las gafas y después le exigió dinero para retirar los vídeos de las redes sociales. Otro caso, aún más grave, involucró a una mujer que describió haber sido filmada durante encuentros íntimos sin saberlo. Estos episodios, recogidos por medios como BBC y TMJ4, han intensificado el debate sobre los límites de esta tecnología.

Entre los establecimientos que han aplicado la prohibición destaca el grupo de clubes privados Soho House, donde los socios que acudan con las gafas serán invitados a retirarlas. Un portavoz confirmó al diario The Guardian que no se permite grabar en sus instalaciones y que estos dispositivos no son una excepción. La cadena de pubs Wetherspoons, una de las más populares del país, también se ha sumado a la medida. Su director ejecutivo, Tim Martin, justificó la decisión en términos contundentes: "La norma general que rige en nuestros pubs, y en la mayoría de ellos, es que no se puede grabar a clientes ni empleados sin su permiso. Las gafas de Meta parecen contravenir esta norma, y el sentido común, al permitir la vigilancia subrepticia, por lo que nuestra recomendación es apagar las cámaras".

En el ámbito cultural, ATG Theatres, propietaria de recintos como el Bristol Hippodrome, el Edinburgh Playhouse y varios teatros londinenses, ha comunicado que pedirá a los asistentes que se quiten las gafas durante los espectáculos, ya que la grabación no está permitida en sus salas. El reconocido restaurateur Jeremy King, al frente de establecimientos emblemáticos como Simpsons in the Strand, Arlington y The Park, fue más allá al declarar: "Nunca permitiría conscientemente ninguna invasión de la privacidad de mis invitados que no fuera con los ojos con los que nacimos".

Sin embargo, la prohibición no es uniforme en el sector. El chef con estrella Michelin Tom Kerridge, propietario de pubs y restaurantes en Marlow, mostró una postura completamente opuesta: "No tengo ningún problema con ellas. Filmar forma parte de la vida cotidiana hoy en día. De hecho, creo que pueden usarse de formas creativas y emocionantes. La primera reacción no debería ser negativa". Esta disparidad de criterios refleja la división existente en la industria hostelera británica sobre cómo integrar la nueva tecnología.

Meta, por su parte, defiende que sus gafas incorporan medidas de privacidad desde su diseño. Un portavoz de la compañía explicó a The Guardian que "la gente usa nuestras gafas porque son realmente útiles" y recordó que cada par incluye un LED de captura que parpadea obligatoriamente al tomar fotos o vídeos. Según la empresa, este indicador no puede apagarse, y si alguien lo cubre o lo daña, la cámara se desactiva automáticamente. Además, la segunda generación del dispositivo refuerza esta protección al impedir la grabación cuando el LED está tapado.

Pese a estas garantías técnicas, Instagram, propiedad de Meta, ha endurecido sus políticas contra los contenidos no consensuados grabados con las gafas. El responsable de la plataforma, Adam Mosseri, anunció que retirarán los vídeos que exploten o acosen a personas, incluidos los populares clips de "pickup lines" que se han viralizado en los últimos meses. La medida supone un reconocimiento implícito de que el problema existe, aunque la compañía confía en que la combinación de LED visible y moderación de contenido sea suficiente.

El fenómeno, no obstante, crece a gran velocidad. Las ventas de las gafas de Meta se han triplicado en el último año, con más de siete millones de unidades vendidas en todo el mundo. La empresa ha distribuido pares gratuitos a influencers para acelerar su adopción, en una estrategia similar a la que empleó con otras tecnologías emergentes. El diseño de la línea promocionada por Jenner, con montura de estilo cat-eye, busca precisamente difuminar la frontera entre un accesorio de moda y un dispositivo tecnológico, lo que paradójicamente alimenta las sospechas de quienes temen ser grabados sin percatarse.

Por ahora, el Reino Unido se posiciona como el primer país donde una reacción institucional y empresarial coordinada amenaza con frenar la expansión de las gafas en espacios públicos. La pregunta que queda en el aire es si otros mercados europeos seguirán el mismo camino o si, como sostiene Kerridge, la sociedad terminará aceptando estos dispositivos como parte natural de su vida cotidiana. Lo que resulta evidente es que Meta enfrenta un desafío que trasciende la tecnología: convencer al público de que la comodidad de capturar el mundo en primera persona no implica sacrificar la privacidad ajena.