El presente artículo narra la restauración de una Commodore SX‑64, un ordenador portátil de los años 80, que sufrió graves daños por exposición a agua salada. A pesar de su aparente buen estado externo, el interior presentaba una corrosión severa: el chasis interno estaba casi completamente oxidado, los tornillos fundidos y las placas electrónicas cubiertas de depósitos corrosivos. El autor detalla el proceso de desmontaje, que requirió taladrar tornillos atascados y tratar las piezas metálicas con removedores de óxido y pintura antioxidante. Las partes plásticas se limpiaron suavemente, y el teclado se desmontó para limpiar los interruptores. La unidad de disco y el motor quedaron inservibles, por lo que se reemplazaron con piezas de segunda mano. Las placas electrónicas se lavaron en lavavajillas y se secaron durante dos días; luego se aplicó DeoxIT en los zócalos y conectores. Tras la inspección, se encontró que el fallo principal era la PLA (Programmable Logic Array), un componente conocido por ser punto débil en este modelo. Al sustituirlo, el ordenador encendió correctamente, aunque con algunos periféricos aún por probar. El artículo concluye con reflexiones sobre la paciencia y la perseverancia en la reparación de equipos clásicos, destacando que la máquina, pese a su apariencia engañosa y daños profundos, logró volver a la vida. Se convierte así en un testimonio de la comunidad de restauración de computadoras vintage y en un legado para futuros entusiastas.
