Rory Cormac reconstruye en 'Fakers: A Top-Secret Tale of Phantoms and Forgeries on the Disinformation Front Line' (Oxford University Press, 368 pp., 25 £) la trayectoria del Departamento de Investigación de Información (IRD), el organismo británico dedicado entre 1948 y 1977 a plantar noticias falsas y desinformación en medios extranjeros. Nacido como heredero del Political Warfare Executive de la Segunda Guerra Mundial, el IRD operaba en los márgenes de los servicios secretos: con poco presupuesto, personal reclutado en buena medida entre periodistas y, sobre todo, mentirosos avezados, capaces de tejer entramados de engaño que a menudo se volvían contra sus propios artífices.
La reseña repasa varias operaciones rocambolescas: la invención de una organización ficticia, los Loyal African Brothers, denunciada por sí misma; los intentos de desacreditar a Sukarno valiéndose de una 'joven estadounidense'; o la falsificación norcoreana de una edición del London Times con resultados de cricket sustituidos por propaganda del régimen. Cormac retrata un mundo más cercano a Len Deighton que a Ian Fleming, donde la propaganda negra se cultivaba casi como un arte por su propia intriga.
El IRD apenas actuó contra la URSS —el discurso secreto de Jrushchov en 1956 hizo más daño al sistema que cualquier operación británica— y concentró sus esfuerzos en África, Asia, Oriente Próximo y, en menor medida, Irlanda del Norte durante los primeros Troubles. El veredicto del crítico Richard Vinen, profesor de Historia en el King's College London, es que resulta difícil medir su eficacia: la propaganda negra rara vez produce resultados visibles, y en ocasiones parece que el establishment británico disfrutaba sobre todo con la idea misma del engaño.
