Las empresas británicas se enfrentan a un posible racionamiento de combustible para aviones este verano debido a una creciente crisis de suministro, según un informe de Goldman Sachs. El Reino Unido es el mayor importador neto de combustible para aviones en Europa y carece de reservas estratégicas, lo que lo hace particularmente vulnerable al cierre del Estrecho de Ormuz, que afecta aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de combustible para aviones. La situación, exacerbada por la disminución de las reservas, la dependencia de las importaciones y la reducción de la capacidad de refinación nacional, ha provocado que los precios del combustible para aviones se dupliquen desde finales de febrero. Aerolíneas como IAG (British Airways) y Air France anticipan aumentos significativos en sus facturas de combustible, lo que se traducirá en precios más altos para los pasajeros y la reducción de servicios. Expertos advierten de posibles cancelaciones de vuelos y retrasos, afectando a las pequeñas y medianas empresas (PYMES) que dependen del transporte aéreo para el comercio internacional. Aunque el gobierno británico afirma que puede obtener combustible de fuentes alternativas, el cierre previsto de la refinería de Grangemouth en 2025 agrava la situación. La Comisión Europea está preparando directrices para abordar la crisis, pero la incertidumbre sobre la duración del cierre del Estrecho de Ormuz genera preocupación sobre la estabilidad de los viajes y el comercio.
