En la primera parte de su ensayo Reflexiones sobre la guillotina, Albert Camus parte de una memoria autobiográfica para construir un alegato contra la pena de muerte. Relata que su padre, ciudadano respetuoso de la ley, viajó en 1914 a presenciar la ejecución de un asesino de niños en Argelia y regresó tan alterado que no pudo hablar y vomitó: el espectáculo de la decapitación superó el horror del crimen original. A partir de ese episodio, Camus denuncia el lenguaje eufemístico —"ha pagado su deuda con la sociedad", "se hizo justicia", "el interesado", "el paciente"— con que funcionarios, prensa y ciudadanos ocultan la realidad de la ejecución, comparable, sugiere, a como antaño se evitaban las palabras "tuberculosis" o "cáncer".
Francia, Inglaterra y España figuran entre los últimos países de Europa occidental en mantener la pena capital, sostiene el autor, cuya supervivencia atribuye a la ignorancia pública y al vaciamiento del lenguaje. Cuando la imaginación duerme, las palabras se vacían; cuando se muestra la máquina, el público repudia el castigo y su vocabulario. Camus compara el procedimiento con la mordaza que los nazis imponían a los rehenes polacos: se sofoca bajo palabras acolchadas una pena cuya legitimidad no se ha examinado.
El autor declara de entrada su convicción: la pena de muerte no solo es inútil, sino dañina, y lo es por razones que van más allá de la "piedad blandengue" que rechaza. Tras recordar su rechazo a la idea rousseauniana del hombre como animal social por naturaleza, afirma que la ley debe justificarse por el bien que produce en una sociedad concreta. Aunque durante años sospechó que su rechazo podía estar mediado por la imaginación, asegura que su investigación reciente solo confirmó su postura y la de Arthur Koestler: la pena de muerte envilece a la sociedad que la aplica y sus defensores no pueden sostenerla racionalmente. El ensayo, anuncia, se limitará a exponer razones adicionales a las de Koestler y Jean Bloch-Michel para pedir la abolición inmediata. El texto anticipa el principal argumento que desmontará a continuación: la pretendida ejemplaridad disuasoria de la decapitación.
