Esta guía didáctica invita a recorrer 1,3 millas por el centro de Seattle para identificar la infraestructura de vigilancia urbana instalada a plena vista. Elaborada inicialmente como taller en octubre de 2019 por la Tech Equity Coalition en colaboración con la ACLU de Washington, deriva de un trabajo presentado en la feria de fanzines CtrlZ.AI y en la exposición digital HOT MESS en 2020. Cada parada del recorrido se estructura en apartados fijos: dirección, aspecto, función, funcionamiento técnico, importancia social, preguntas para el debate y referencias bibliográficas, un formato pensado para capacitar a cualquier persona en la identificación de dispositivos de vigilancia.
La primera parada analiza las cámaras de vigilancia, omnipresentes en postes, cornisas, techos y aparcamientos, así como cerca de cajas registradoras en interiores. Los dispositivos graban vídeo, pueden orientarse y aplicar zoom a distancia, y transmiten sus imágenes por redes cableadas o de radiofrecuencia. Las grabaciones pueden analizarse en busca de patrones y compartirse con entidades privadas o con la policía local.
La segunda parada se sitúa en la tienda Amazon Go, en 2131 7th Ave, un comercio sin cajeros al que se accede escaneando una aplicación. Cámaras en el techo registran la trayectoria del cliente para deducir hábitos de compra, datos que Amazon puede cruzar con sus compras en línea y perfilar para inferir, por ejemplo, religión o condiciones de salud a partir de los productos adquiridos. El texto subraya la ausencia de supervisión y transparencia sobre el uso de esos datos.
La tercera parada describe los lectores automáticos de matrículas (ALPR) en 699 Spring Street. En Seattle conviven tres tipos: los fijos del Departamento de Transporte, destinados a estimar tiempos de viaje, y los móviles de la Policía de Seattle, empleados para controlar aparcamientos o alertar en tiempo real cuando se detecta una matrícula buscada. El Departamento de Transporte cuenta con al menos 99 ALPR fijos y la Policía con 19 vehículos equipados, con períodos de retención distintos: hasta 90 días para los datos policiales y eliminación inmediata, en teoría, para los demás. La tecnología, basada en reconocimiento óptico de caracteres, se probó por primera vez en el Reino Unido en 1984 para detectar coches robados.
La guía denuncia la escasa regulación nacional y local, el riesgo de «scope creep» —el uso de los datos más allá de su propósito original— y la circulación de información hacia bases de datos privadas como CLEAR de Thomson Reuters, accesibles a agencias y empresas. Menciona las leyes aprobadas en 2015 en California y Minnesota como ejemplos pioneros de intentos por limitar el intercambio de estos datos. Cada bloque cierra con preguntas para abrir el debate en los talleres sobre el impacto social de la vigilancia.
