Recordar sin pausa: vivir con una memoria autobiográfica excepcional

Fuentes: You Must Remember This
Imagen generada por IA con el prompt: A child sitting on a rug in a dim 1960s living room, softly lit by a Kodak slide projector, warm light spilling on the wall, vintage atmosphere, nostalgic mood, no faces visible.
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En este ensayo personal publicado en The American Scholar, el autor narra su experiencia de poseer una memoria autobiográfica extraordinariamente vívida y persistente, un rasgo que ha marcado su vida desde la infancia. La pieza arranca con una escena doméstica de 1959: tras un año sabático de su padre en Italia, la familia proyecta diapositivas de su estancia en Roma en el salón de su casa en Hillsdale, Nueva Jersey. El autor, con cinco años, identifica cada fotografía al instante: la colina de Monte Testaccio, el episodio del cigarrillo arrojado a la calle, un asa de ánfora rota encontrada entre los fragmentos. Su padre lo apodó "Giannetto" por su prodigiosa retentiva.

El texto describe cómo su memoria opera de forma involuntaria y continua: escenas del pasado regresan sin aviso, como un viaje temporal permanente. Para contextualizar su vivencia, recurre al personaje de Funes el memorioso, de Jorge Luis Borges, y a una conversación radial entre los escritores John Jeremiah Sullivan y Max Linsky, en la que Sullivan confiesa que su memoria, tan vívida y constante, se siente como un escudo térmico desgastado.

El autor introduce después el concepto clínico de hipertimesia, descrito en 2006 por el equipo del psicólogo James L. McGaugh, de la Universidad de California en Irvine, a partir del caso de Jill Price, una mujer que desde los once años recuerda cada día de su vida con su fecha exacta. Price fue la primera persona documentada con este síndrome y lo describió como una "carga" y una "película que nunca se detiene".

El ensayo distingue la hipertimesia de la memoria prodigiosa de los mnemonistas, atletas que entrenan para retener secuencias enormes. El caso más célebre, el de Solomon Shereshevsky, fue estudiado durante décadas por el neuropsicólogo soviético Alexander Luria: aunque retenía cifras casi sin límite, no revivía su existencia con marca temporal diaria. La reflexión cierra apuntando a la convivencia con este tipo de memoria: menos un don que una condición que organiza la relación del autor con el pasado, la identidad y la atención.