El servidor doméstico del autor, basado en una Raspberry Pi 4B con NixOS, dejó de responder tras un corte de luz en el edificio. Al conectar la Pi a una pantalla de depuración, descubrió que la tarjeta microSD —que alojaba el sistema raíz— había muerto: fsck encontraba errores nuevos tras cada revisión y se confirmó el fin del soporte de almacenamiento. Lo importante, matiza, no se perdió: la configuración vivía casi por completo en los archivos NixOS y los datos relevantes estaban en discos duros externos; los archivos de torrents y cachés de Navidrome, Jellyfin y slskd se regeneran sin dificultad, y los datos de Immich contaban con copia de seguridad.
Con la lección aprendida, el autor rediseña la instalación para minimizar escrituras en la microSD: activa zram para swap y tmpfs para /tmp, envía los registros de journald a memoria y desactiva atime en la raíz. Para los datos en disco, reutiliza dos viejos HDD de 2,5 pulgadas (uno de un portátil empresarial y otro con una instalación huérfana de Home Assistant) y los une en un pool btrfs con raid1, al que bautiza como «ponkotsu». Sobre ese pool crea un subvolumen por servicio mediante un módulo NixOS propio, autosubvol, que genera unidades systemd de tipo mount para cada disco en /run/btrfs-roots y servicios oneshot que crean los subvolúmenes si no existen. La pieza pendiente, reconoce, es configurar journald para volcar registros a disco de forma periódica sin renunciar al almacenamiento en RAM.
