El periodista y desarrollador Max Glenister llevaba más de cuatro años compartiendo sus resultados diarios de Wordle en un chat de WhatsApp por costumbre, sin sospechar que تلك الرسائل se convertirían en el registro más detallado de su trayectoria en el juego. Cuando el New York Times trasladó las estadísticas al servidor en junio de 2025, descubrió una clave abandonada en el almacenamiento local de su Pixel que congelaba su racha en 234 días, lo que le permitió fechar con exactitud la migración y entender por qué las cifras oficiales a menudo se pierden al cambiar de dispositivo (como le ocurrió en agosto de 2024 al pasar de un Pixel 5a a un Pixel 7a).
Glenister exportó su chat a un archivo .txt, escribió un script en Python con expresiones regulares para extraer número de puzzle, fecha y resultado de cada mensaje, y volcó los datos en un CSV con 1.552 partidas (siete menos que las 1.559 declaradas por Wordle). El análisis posterior confirma su mejor racha histórica, de 278 días entre noviembre de 2024 y agosto de 2025, y revela patrones poco intuibles desde la app oficial: las pérdidas se concentran en domingos (cuatro de nueve) y viernes (tres), mientras que lunes, miércoles, jueves y sábados están limpios; una primera palabra con al menos una casilla verde reduce el promedio de intentos a 3,79 frente a 4,11 cuando sale completamente en blanco; y sus aciertos en un solo intento (unite, mouse, style y audio) se agrupan en una ventana de diez meses entre 2022 y 2023 que ya no se ha repetido.
El proyecto, descrito paso a paso con extractos de código, demuestra cómo un hábito cotidiano puede transformarse en una base de datos propia, analizable y portable, mucho más rica que la información que ofrece el propio Wordle.
