Una nueva ola de investigaciones ha replanteado la comprensión sobre el origen de los rayos. Astrofísicos como Joseph Dwyer han aplicado sensores diseñados para detectar fenómenos cósmicos a las tormentas eléctricas y han encontrado emisiones de rayos X y gamma asociadas a los relámpagos. Durante más de dos siglos se creyó que los rayos se formaban cuando los campos eléctricos en las nubes alcanzaban aproximadamente tres millones de voltios por metro, suficiente para romper el aire. Sin embargo, las mediciones muestran que los campos típicos son apenas una décima parte de ese valor, lo que plantea cómo se supera el umbral de ruptura. Los científicos han descubierto que fragmentos de hielo conductor (hidrometeors) pueden amplificar localmente el campo, pero la detección de radiación de alta energía sugiere que electrones relativistas acelerados por avalanchas relativistas podrían ser el disparador. Estos procesos, habituales en supernovas y colisionadores de partículas, serían necesarios para ionizar el aire dentro de las nubes. Aunque no existe aún una teoría unificada, el consenso creciente indica que la iniciación de los rayos depende de eventos de alta energía, lo que abre una nueva línea de investigación en la física atmosférica.
Rayos X y gamma revelan que los rayos no se forman como creíamos
