Un estudio publicado en la revista Nature Communications ha revelado que el colmillo del narval, además de su característica espiral externa orientada hacia la izquierda, alberga en su interior una segunda espiral con orientación opuesta. Los científicos han llegado a esta conclusión gracias a un análisis mediante rayos X que ha permitido examinar la estructura interna del colmillo, hasta ahora poco conocida.
El colmillo es en realidad un diente canino que crece en la mandíbula superior izquierda de los machos, alcanza entre 1,5 y 2 metros de longitud y perfora el labio cuando los ejemplares cumplen dos o tres años. Aunque en la Edad Media se creyó que eran cuernos de unicornio con propiedades curativas, esa creencia fue desmentida hace siglos. En la actualidad, los colmillos siguen siendo souvenirs populares en Canadá y Groenlandia.
La comunidad científica coincide en que estos colmillos probablemente evolucionaron por selección sexual como signo de estatus social, ya que no son esenciales para la supervivencia: las hembras suelen carecer de ellos y, aun así, viven más que los machos. Su función concreta sigue debatiéndose. Se ha observado que los narvales los usan para aturdir pequeños bacalaos árticos durante la caza y que podrían emplearse en peleas entre machos, comportamiento del que existen indicios indirectos, como colmillos incrustados en algunos ejemplares. La presencia de varios millones de terminaciones nerviosas sugiere además que podrían servir para detectar cambios de temperatura o salinidad en el agua.
