Científicos del Laboratorio Nacional de Los Alamos (LANL) han desarrollado PHOENIX, un innovador y portátil sistema de rayos X que reduce significativamente su tamaño y aumenta su eficiencia. El equipo, liderado por el ingeniero Scott Watson, logró esta hazaña combinando dos tecnologías centenarias: un generador Cockcroft-Walton y una cúpula de Van de Graaff. Tradicionalmente, las cúpulas de Van de Graaff utilizaban un sistema de correas para generar carga, incompatible con el vacío necesario para la producción de rayos X. La solución fue reemplazar la correa con un circuito Cockcroft-Walton, eliminando partes móviles y permitiendo la generación de un millón de voltios a partir de la energía de una batería de taladro. Además, se desarrolló un diminuto cátodo, activado por láser, que libera la energía almacenada para generar pulsos de rayos X a una velocidad variable, desde nanosegundos hasta horas. Se han creado dos versiones: una de 150 libras para aplicaciones comerciales y otra más grande, montada en un remolque, para fines de seguridad nacional. Esta tecnología tiene aplicaciones que van desde la inspección de soldaduras industriales hasta la creación de imágenes de explosiones a pequeña escala, una necesidad que se remonta al Proyecto Manhattan.
