Un análisis de los datos lumínicos y urbanísticos de más de 8.000 municipios españoles en 2023, elaborado con el astrofísico Alejandro Sánchez de Miguel y la Fundación Stars4all, revela un cambio de patrón en la iluminación nocturna: las grandes ciudades emiten más luz, pero en tonos cálidos, mientras que los pueblos de la España despoblada han sustituido masivamente la luz naranja de sodio por LED blancos con alto componente azul, considerado más dañino para la biodiversidad y la observación astronómica.
El motivo, según los expertos, es que muchos ayuntamientos pequeños carecen de asesoramiento técnico y han instalado luminarias «blanco nuclear» aprovechando subvenciones antiguas del IDAE que promovían LED fríos por eficiencia energética. Las capitales de provincia, con inventarios más costosos de reemplazar, han mantenido tonos más cálidos, lo que genera la paradoja de que la iluminación más sostenible se concentre en las grandes urbes.
A escala global, el proyecto «Canica Negra» de la NASA cifra en un 16% el aumento de la radiancia artificial nocturna entre 2014 y 2022, un ritmo superior al crecimiento demográfico. El cambio a luz azul, además, pasa inadvertido para los sensores satelitales, lo que infravalora el impacto real.
