El filósofo Tim Crane formula en su libro The Mechanical Mind una pregunta que atraviesa la historia de la ciencia moderna: ¿en qué consiste exactamente la «imagen mecánica del mundo» que la filosofía y la ciencia occidentales adoptaron a partir de la Edad Moderna? El texto examina cuatro interpretaciones posibles de esta concepción, tal como las recoge el historiador E. J. Dijksterhuis en su obra The Mechanization of the World Picture.
La primera equipar la naturaleza con una máquina, como un reloj. Aunque la metáfora es frecuente entre los autores de la época, Dijksterhuis la descarta porque la idea de máquina implica teleología, un rasgo ajeno al atomismo antiguo que inspiró la filosofía mecánica. La segunda entiende la explicación mecánica como el descubrimiento de mecanismos ocultos que articulan las partes de un todo. Sin embargo, Newton nunca halló un mecanismo para la gravedad y, aun así, su teoría se consideró un paradigma mecánico. La tercera lectura define lo mecánico por su carácter «anti-animista»: rechaza cualquier principio interno que explique el comportamiento de las cosas, en contraposición a la física aristotélica. Pero esta distinción tampoco resiste casos como el movimiento inercial o las teorías aristotélicas del proyectil.
La cuarta interpretación, la que Dijksterhuis defiende, sostiene que una explicación es mecánica cuando se modela sobre la mecánica en sentido físico: la descripción matemática de las relaciones entre objetos y de las leyes que los rigen. En esta lectura, la mecanización del mundo equivale, en última instancia, a su matematización. El filósofo de la ciencia David Hull objeta que muchos fenómenos no se explican en términos mecánicos y, sin embargo, se consideran explicables de algún modo mecánico; en sentido débil, toda explicación científica actual lo sería, al rechazar las causas finales y las fuerzas vitales.
Crane combina dos rasgos: el rechazo de las causas finales y la explicación mediante leyes matemáticas formuladas, además de la sustitución de la concepción orgánica premoderna por un modelo que parte de lo inorgánico. El autor concluye que la dificultad de definir la imagen mecánica del mundo se debe a que su contenido siempre fue más negativo que positivo: no tanto una propuesta propia cuanto una oposición al aristotelismo y a sus nociones de formas sustanciales y teleología intrínseca.
