Un sitio web personal no tiene una forma única correcta: debería ser, ante todo, personal. Tras más de dos décadas publicando su propia página, Dave (Ratfactor) reflexiona sobre la duda que le persiguió durante los primeros dos tercios de ese tiempo: si debía convertirla en un portafolio profesional, un blog, un escaparate técnico o una mezcla de todo. Cuenta que durante años retrasó la publicación de contenido por obsesionarse con dejar «perfecta» la estructura de carpetas, hasta que un día dejó de darle vueltas y empezó a subir material; la organización, dice, se resuelve sobre la marcha. Esa decisión se nota en el salto de publicaciones que su página muestra a partir de 2017-2018, a partir del cual la web creció de forma acumulativa hasta convertirse en un híbrido con cronología tipo blog, feed RSS, un directorio plano de «cards» y secciones profundas por temática.
Las tarjetas, explica, le liberaron para escribir ideas sin paralizarse por la arquitectura. Defiende además que no hace falta ser experto para publicar: en su sección de quesos documenta lo que va aprendiendo en público, de modo que cualquier lector puede recorrerla desde la primera entrada y acompañarle en el proceso. Su intención, dice, es animar a otros a ser valientes y crear sus propios sitios. Propone opciones como el modelo POSSE (publicar en tu web y redistribuir hacia fuera), las bitácoras digitales o los cuadernos commonplace, y recuerda que un sitio web es maleable: las páginas se pueden editar, ampliar y replantear sin reglas fijas. Su único consejo: sube tu contenido y deja que el resto del mundo lo refleje.
