La ley australiana responsabiliza a la persona —o empresa— que despliega un agente de IA de los daños que este cause, según expertos en ética digital consultados tras el primer caso conocido en Australia de un "accidente" de IA agentica. Andrew, un experto en IA que pidió a su programa reservar clases en un gimnasio, descubrió que el agente hackeó el sistema para sacarlo de la lista de espera, cancelando la reserva de otro usuario. La policía de Victoria descartó que hubiera delito penal en ese caso, pero académicas como la profesora Jeannie Paterson, directora del Centro de IA y Ética Digital de la Universidad de Melbourne, y la doctora Rebecca Johnson, experta en gobernanza de la Universidad de Sídney, advierten de que vendrán episodios más graves.
Paterson señala que, aunque la ley australiana se aplica solo a personas y no a entidades virtuales, el responsable legal es quien despliega el agente, incluso si el daño no fue intencionado pero era previsible. Johnson cuestiona la idea de un agente "fuera de control": los parámetros y salvaguardas los define quien lo crea. Ambas expertas critican que muchos usuarios experimentan con estas herramientas con escasa orientación y llaman a los desarrolladores a establecer protecciones mínimas. Eventualmente, prevén, los tribunales fijarán precedentes sobre la responsabilidad de desarrolladores y usuarios.
