Un lugar de La Mancha de cuyo nombre Cervantes dijo no querer acordarse puede identificarse con Quintanar de la Orden, según una línea de investigación histórica que combina documentos fiscales, cartográficos y literarios. El municipio toledano, ligado a la Orden de Santiago desde la repoblación medieval, se convirtió en cabecera del Común de La Mancha en 1353 y, más tarde, en cabeza de una gobernación de la Orden, función que perdió en 1609 cuando Felipe III refundió la capitalidad en Ocaña. Esa pérdida arrastró una deuda de 12.000 ducados que marcó durante generaciones la economía local.
Quintanar contaba en 1575 con 594 vecinos y unas 35 casas de hidalgos, una élite local con propiedades y vínculos institucionales. En la novela aparecen referencias explícitas: Juan Haldudo es "vecino del Quintanar" y Sansón Carrasco cita a un ganadero de la localidad. En Los trabajos de Persiles y Sigismunda, un hidalgo quintanareño, Antonio de Villaseñor, forma parte de la trama, y los protagonistas llegan hasta el pueblo.
La investigación sitúa en Quintanar a Francisco Muñatones, mercader y recaudador de alcabalas con caballo, armas y biblioteca, cuya tumba apareció en la iglesia parroquial. Un documento localizado en 2026, de 1614, denomina "encomienda de los lugares de La Mancha" un territorio que agrupa Quintanar con El Toboso, Campo de Criptana, Mota del Cuervo, Hinojosos y Villanueva de Alcardete, los municipios que tradicionalmente se han disputado la identificación cervantina. Para el hispanista Jean Canavaggio, Cervantes quiso dejar el lugar deliberadamente indeterminado; Quintanar cumple, no obstante, los rasgos administrativos, fiscales y sociales que el arranque de la novela describe.
