Dos estudios recientes publicados en Nature y Cell han redefinido el modelo biológico del envejecimiento, desplazando el foco desde el daño acumulado hacia la pérdida de identidad celular. Estos trabajos, liderados por Vadim Gladyshev en Harvard y Juan Carlos Izpisua Belmonte en Altos Labs, sugieren que la degradación de la estructura epigenética, específicamente la arquitectura del cromatina, es el mecanismo central que provoca la inestabilidad celular con la edad.
El artículo explica que, aunque el ADN es idéntico en todas las células, la identidad se mantiene mediante una 'gramática' epigenética de tres capas. La capa lenta, regulada por el complejo repressor de Polycomb 2 (PRC2), actúa como un límite duro que fija la identidad. Con el envejecimiento, estas barreras se erosionan, lo que permite que las células se desvíen hacia un estado mesenquimal, caracterizado por la formación de cicatrices fibrosas y la inflamación crónica, un fenómeno conocido como 'deriva mesenquimal'.
Los investigadores señalan que los relojes epigenéticos miden en realidad la tasa de erosión de esta capa lenta. Para contrarrestar este proceso, se exploran intervenciones como la restricción calórica, que reduce la metilación del PRC2, y la reprogramación epigenética parcial con factores de Yamanaka (OSKM), que restaura la identidad celular sin convertir las células en células madre pluripotentes. Además, el litio se estudia como posible agente para mantener la identidad neuronal, bloqueando la fosforilación de tau y potencialmente previniendo el Alzheimer.
