Probé un robot limpiacristales y fue una pesadilla

Fuentes: I Tried a Window-Cleaning Robot and Hated It

La periodista probó el robot limpiacristales Ecovacs Winbot W2S Omni en su casa, un dispositivo cuadrado de 25 x 25 cm con 4 modos de limpieza (Profundo, Exhaustivo, Rápido y Bordes) que se desplaza con orugas sobre el vidrio mediante succión y pulveriza líquido limpiador sobre una almohadilla de microfibra. Su carcasa estuche de 15 libras incluye batería con 110 minutos de autonomía, un cable trenzado retráctil de 5,5 metros y un contrapeso de seguridad. En su primer cristal moderno grande de unos 2 x 3 metros, el robot cumplió: limpió bien, aunque dejó residuos sucios en las esquinas y algunas marcas. En el siguiente intento, un tirador de puerta lo bloqueó y tuvo que cambiar la almohadilla y rellenar el depósito a mitad de faena.

La experiencia se torció con las ventanas de guillotina estilo victoriano. El robot se atascó contra los herrajes metálicos y, al limpiar el exterior, arrancó la pintura del astrágalo. En el piso superior, con ventana de PVC, se quedó atrapado arriba del todo durante cinco minutos, con alarma y luz roja, y la autora tuvo que asomarse al exterior para apagarlo, una maniobra que describe como aterradora. Concluye que los robots limpiacristales exigen demasiada supervisión, no superan en velocidad ni en resultado a una limpieza manual, dejan suciedad en esquinas, requieren recambios continuos (ocho almohadillas y 230 ml de solución apenas dan para tres cristales) y su uso en ventanas altas entraña riesgo de caída. Lo desaconseja para la mayoría de hogares, aunque admite que podría tener sentido para viviendas con grandes ventanales modernos y sin tiradores.