Un estudio publicado en 1980 en la revista Nature desmonta la idea de que la ropa oscura es siempre la peor opción para el calor. Investigadores viajaron al desierto del Sinaí y comprobaron que los beduinos, que visten túnicas negras holgadas bajo temperaturas extremas, registran la misma ganancia neta de calor que con una túnica blanca ajustada. La clave está en la aerodinámica de la prenda, no en su color. La ropa negra absorbe más radiación y calienta su superficie, pero ese aire caliente asciende por el interior y sale por el cuello, generando un efecto chimenea que arrastra aire fresco desde abajo. La holgura facilita la convección, mientras que las prendas ceñidas, sean del color que sean, bloquean esa ventilación natural. Además del corte, el tejido resulta determinante: el lino y el algodón transpiran, mientras que el poliéster retiene el sudor. La recomendación que se deriva de la evidencia es combinar prendas sueltas, de colores claros y fibras naturales en los días de mayor calor, sin descartar el negro si la prenda es amplia y está hecha con materiales transpirables.
