Por qué triunfan los talleres de cerámica: placer, conexión social y desconexión del estrés

Fuentes: Amanda Ortiz, psicóloga, sobre el furor de los talleres de cerámica: “Estamos haciendo algo placentero, pero produciendo, y eso a nuestro cerebro le encanta”

El auge de los talleres de cerámica y otras manualidades va más allá de una moda estética en redes sociales. La psicóloga sanitaria Amanda Ortiz Gabaldón explica que estas actividades combinan tres factores clave que las hacen especialmente atractivas en una sociedad hiperproductiva e individualizada.

En primer lugar, los talleres ofrecen un espacio de socialización en un contexto de creciente desconexión comunitaria. Permiten conocer gente nueva y satisfacer la necesidad humana de interacción fuera del entorno laboral o digital.

En segundo lugar, funcionan como una forma de mindfulness: obligan a detener el ritmo cotidiano, concentrar la atención en el presente y soltar correos, tareas y listas pendientes durante el tiempo que dura la actividad.

La tercera razón, la más decisiva según la psicóloga, es que permiten «hacer algo placentero mientras se produce», un punto intermedio ideal para quienes sienten ansiedad por no estar haciendo nada. El cerebro recibe la recompensa de fabricar un objeto tangible a la vez que se desconecta de las obligaciones.

La técnica japonesa Hikaru Dorodango, estudiada por el psicólogo Fumio Kayo desde 1999, demuestra que moldear pequeños objetos de barro mejora la concentración, la perseverancia y la tolerancia a la frustración. Estudios recientes de arteterapia con estudiantes universitarios, como el publicado en 2024 en PubMed Central, confirman una reducción significativa de la ansiedad autopercibida tras participar en talleres de modelado de arcilla.

La autora del artículo, tras asistir a un taller gratuito en el Yacimiento del Barrio Andalusí de Almería, corrobora estos efectos: tres horas de moldeado redujeron su estrés y facilitaron la interacción social con desconocidos.