El movimiento moderno de vexilología, impulsado por el panfleto de Ted Kaye y la charla TED de Roman Mars, ha convencido a decenas de ciudades estadounidenses de reemplazar sus banderas antiguas, consideradas feas e ilegibles, por diseños minimalistas basados en cinco principios. Sin embargo, el resultado ha sido una uniformidad preocupante: las veinte ciudades mejor calificadas por NAVA comparten una paleta de azul marino, blanco y dorado, con soles, estrellas y líneas onduladas casi intercambiables. Tulsa, Reno, Topeka y San George son indistinguibles.
El artículo argumenta que este fenómeno contradice el propio principio de Kaye: ser distintivo. Las nuevas banderas, técnicamente correctas, carecen de carácter e historia local. Casos como Milwaukee ilustran el problema: tras un concurso en 2016, el diseño ganador nunca fue adoptado oficialmente y la enseña original de 1954 sigue vigente, mientras la 'bandera del pueblo' circula sin respaldo legal.
La crítica más amplia, siguiendo a Paul Skallas, señala una 'cultura del refinamiento' que pule la personalidad de las cosas en nombre del progreso, desde escudos de coches hasta franquicias cinematográficas. La conclusión es que las banderas antiguas, aunque visualmente caóticas, poseían una identidad local irrepetible que los nuevos diseños, obsesionados con la legibilidad, han borrado por completo.
