¿Por qué nos gusta la música? Una explicación neurocientífica

Fuentes: Why Do We Love Music?

La música ocupa un lugar singular entre las actividades humanas que producen placer: no aporta una ventaja evolitiva directa, como la comida o el sexo, y, sin embargo, es capaz de generar algunas de las experiencias más intensas que conocemos. Un neurocientífico plantea la pregunta de por qué secuencias de sonidos sin significado proposicional despiertan respuestas placenteras, y propone una respuesta articulada a partir de dos sistemas cerebrales: el de percepción auditiva y el de recompensa.

El sistema de percepción auditiva transforma las vibraciones del aire en representaciones internas de los sonidos. Tres áreas —el tronco encefálico, el tálamo y la corteza auditiva— convierten la frecuencia física de las ondas en patrones de actividad neuronal. Neuronas de la corteza auditiva, especialmente del hemisferio derecho, distinguen gradaciones finas de frecuencia para producir la sensación de tono, base de la música. A partir de ahí, el cerebro calcula intervalos entre tonos (las relaciones que forman melodías y armonías) mediante regiones conectadas a la corteza auditiva, en una capacidad llamada transposición, la misma que permite reconocer una canción cantada en otra tonalidad. Para integrar estos sonidos, que desaparecen al instante, se requiere la memoria de trabajo, sustentada en circuitos que van de la corteza auditiva a la corteza frontal dorsolateral y a áreas parietales posteriores.

El segundo sistema es el de predicción y recompensa. Cada sistema musical posee una sintaxis —un conjunto de reglas sobre qué sonidos siguen a cuáles— que el cerebro aprende estadísticamente desde la infancia. Cuando una secuencia rompe o excede esas expectativas, como un acorde fuera de tono, se generan respuestas emocionales vinculadas al sistema de recompensa. Para el autor, la capacidad de la música para conmover reside en la interacción entre el análisis de patrones sonoros y la evaluación emocional de las predicciones que hacemos al escucharla.