Este artículo de opinión repasa los principales argumentos del desarrollador Andros Fenollosa en contra de utilizar Tailwind CSS de forma generalizada. El autor reconoce que el framework es popular entre programadores web porque estandariza espaciados, colores y tamaños, y obliga a una metodología de trabajo ordenada mediante utilidades. Sin embargo, enumera varias razones para pensárselo dos veces antes de adoptarlo en proyectos medianos o grandes.
En primer lugar, el programador debe memorizar decenas de clases y dedicar tiempo a consultar la documentación, aunque el autocompletado del editor ayude. En segundo lugar, Tailwind rompe la separación clásica entre estructura (HTML) y diseño (CSS) al llenar el marcado de utilidades atómicas, lo que reduce la legibilidad y la reutilización. Fenollosa rebate la defensa habitual del creador Adam Wathan señalando que la separación de responsabilidades cambia de dirección, pero sigue siendo una decisión que depende de la arquitectura del proyecto.
También critica la inconsistencia y opacidad de algunos nombres —como items-center frente a text-center— y la posibilidad de introducir valores arbitrarios con w-[347px] o text-[#1a2b3c], que rompen el sistema de diseño. Asegura que Tailwind no es buen puerta de entrada para aprender CSS, porque transmite la falsa sensación de dominar el lenguaje y aleja al desarrollador de los fundamentos. Añade problemas de legibilidad, especialmente cuando se prescinde de @apply, y expone cómo el marcado «miente» sobre la prioridad: el orden real de las clases lo decide el compilador, no el atributo class, lo que obliga a usar !important o a evitar conflictos.
